Pasamos dos noches en el Hotel. La ubicación es espectacular, en una finca con cocoteros y muy cerca de la playa. La habitación es una cabaña amplia, con un ventilador que es suficiente para evitar el calor de la noche y los insectos. El baño está en exterior, lo que nos pareció precioso para poder ducharnos escuchando el mar, aunque era un poco sucio porque había muchos pájaros. No fue un problema para nosotros, pero es verdad que mancharon las toallas de la cara e incluso nuestra pastilla de jabón. La playa es muy bonita, pero tenía bandera roja siempre y no era posible el baño.
Nos gustó especialmente la actividad de yoga con Maria Claudia, que ofrece una práctica con muchísimo fundamento y que invita con mucho amor a la escucha y la conexión.
En cuanto al restaurante, es muy agradable y bonito, pero quizá lo que menos nos gustó de la estancia fue su relación calidad/precio. Los entrantes son originales y deliciosos. Solo pedimos una vez un principal, y nos trajeron un plato en el que la mitad era ensalada y había un pequeño trozo de pescado por 65.000 pesos.
En resumen: un lugar perfecto para descansar y dar paseos por la playa, sería perfecto si contara con una cocina o alguna otra opción para comer.